El acoso laboral puede erosionar gradualmente tu sensación de seguridad, dignidad y confianza profesional. Lo que comienza como comentarios inapropiados o una exclusión sutil puede escalar hasta convertirse en una conducta que dificulte, o incluso imposibilite, el desempeño de tu trabajo con comodidad. Cuando el acoso se vuelve grave o generalizado, puede crear un ambiente de trabajo hostil, según lo define la ley.
En James Hawkins APLC, representamos a empleados en California y Washington que han sufrido acoso laboral ilegal. Nos especializamos en demandas colectivas, donde la mala conducta afecta no solo a un empleado, sino a grupos enteros de trabajadores sometidos a las mismas prácticas ilegales. Cuando el acoso es sistémico, la unión suele ser la forma más eficaz de exigir responsabilidades.
El acoso laboral se produce cuando un empleado es objeto de conductas indeseadas basadas en características protegidas por la ley, como raza, sexo, origen nacional, religión, discapacidad o edad. Según la ley federal, el acoso está prohibido por estatutos, entre los que se incluyen:
El acoso se convierte en ilegal cuando es lo suficientemente grave o generalizado como para crear un ambiente de trabajo intimidante, hostil o abusivo, o cuando soportar dicha conducta se convierte en una condición para continuar en el empleo.
Es importante saber que el acoso no tiene por qué provenir de un supervisor directo. Puede provenir de gerentes, compañeros de trabajo, ejecutivos o incluso clientes. Los empleadores tienen la obligación legal de prevenir y corregir el acoso una vez que tienen conocimiento, o deberían tener conocimiento, de que está ocurriendo. Add Your Heading Text
Los entornos laborales hostiles rara vez surgen de la noche a la mañana. Con mayor frecuencia, se desarrollan gradualmente cuando los empleadores toleran conductas inapropiadas, desestiman quejas o no hacen cumplir sus propias políticas laborales. Puede comenzar con chistes ofensivos, comentarios inapropiados o comportamientos excluyentes. Cuando la gerencia minimiza las preocupaciones o etiqueta la mala conducta como "conflictos de personalidad" o "cultura laboral", los empleados quedan desprotegidos. Con el tiempo, la conducta puede intensificarse, lo que lleva a la humillación, la intimidación, los retrocesos profesionales o las renuncias forzadas. Cuando el liderazgo ignora las quejas reiteradas o permite que los patrones de mala conducta continúen en diferentes departamentos o equipos, el problema deja de ser aislado y se convierte en sistémico.
Lamentablemente, muchos empleadores utilizan estrategias diseñadas para disuadir a los empleados de expresar sus inquietudes. Estas tácticas pueden incluir:
Minimizar o desestimar las quejas como malentendidos.
Tomar represalias mediante evaluaciones negativas, degradaciones o reducción de horas de trabajo.
Aislar a los empleados que denuncian conductas indebidas.
Alentar a los empleados a resolver problemas "internamente" sin documentación.
Utilizar acuerdos de confidencialidad o cláusulas de arbitraje para limitar la rendición de cuentas pública.
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